The Day I Learned The Value of a Smile

Author
Maya Angelou
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El Día que Aprendí el Valor de una Sonrisa
--por Maya Angelou

Mi abuela paterna ,que me crió y tuvo una gran influencia en cómo yo veía el mundo y cuál pensaba que era mi lugar en él. Era la imagen de la dignidad. Hablaba suavemente y caminaba despacio, con sus manos a la espalda, con los dedos entrelazados. Yo la imitaba tan bien que los vecinos decían que era su sombra.

“Hermana Henderson, Veo que tienes tu sombra contigo otra vez”

La abuela solía mirarme y sonreír. “Bien, imagino que tienes razón. Si me paro, ella se para. Si voy, ella va.”

Cuando tenía trece años, mi abuela me llevó de vuelta a California para dejarme con mi madre, y ella se volvió inmediatamente a Arkansas. La casa de California era otro mundo comparada con la pequeña casa en la que había crecido en Arkansas. Mi madre llevaba el pelo liso en una moderna melena corta. Mi abuela no creía que las mujeres tuviesen que rizarse el pelo, así que yo había crecido con una trenza natural. La abuela encendía nuestra radio para escuchar las noticias, música religiosa, 'Gang Busters'*, y El llanero Solitario. En California mi madre usaba lápiz de labios y colorete y ponía blues y jazz en un tocadiscos a un volumen alto. Su casa estaba llena de gente que reía mucho y hablaba muy alto. Definitivamente yo no pertenecía a aquello. Caminaba por aquella atmósfera sofisticada, con las manos agarradas a la espalda, el pelo atado en una trenza tirante, tatareando una canción Cristiana.

Mi madre me observó durante unas dos semanas. Luego tuvimos lo que se convertiría en algo familiar conocido como, “Sentarse a hablar”

Me dijo, “Maya, tú me desapruebas porque no soy como tu abuela. Eso es cierto. No lo soy. Pero soy tu madre y estoy machacándome a trabajar para comprarte ropa buena, darte comida bien cocinada y mantener este tejado sobre tu cabeza. Cuando vayas al colegio, la profesora te sonreirá y tú le devolverás la sonrisa. Otros estudiantes a los que ni siquiera conoces te sonreirán y tú les sonreirás. Pero por otro lado, yo soy tu madre. Y te digo lo que quiero que hagas. Si eres capaz de forzar una sonrisa para gente desconocida, hazlo para mi. Te prometo que te lo agradeceré.”

Me puso la mano en la mejilla y sonrió, “Venga cariño, sonríe para mamá. Venga”

Hizo una mueca graciosa y en contra de mi deseo, yo sonreí. Me besó en los labios y empezó a llorar.

“Es la primera vez que veo tu sonrisa. Es una bonita sonrisa, la hermosa hija de mamá sabe sonreír.”

Nadie me había llamado hermosa nunca y nadie me había llamado hija.

Ese día aprendí que podía ser generosa simplemente regalándole una sonrisa a otra persona. Los años subsiguientes me han enseñado que una palabra amable, un voto de apoyo es un regalo caritativo. Me puedo mover un poco y hacer sitio para otra persona. Puedo subir mi música si gusta, o bajarla si molesta.

Puede que no sea nunca conocida como una filántropa, pero lo cierto es que soy una amante de la humanidad, y daré de forma gratuita de mis recursos.

Me hace feliz describirme a mi misma como caritativa.


*Gang Busters era un programa de radio que se anunciaba como "el único programa nacional que te trae auténticos casos policiales."

Preguntas semilla para la reflexión: ¿Cómo te identificas con la idea de que puedes ser generoso simplemente dándole una sonrisa a otra persona? ¿Puedes compartir una experiencia personal en la que le brindases tu sonrisa a otra persona? ¿Qué práctica te ayuda a dar de tus recursos de forma gratuita?

Sacado de Carta a mi Hija por Maya Angelou.
 

Excerpted from Letter to my Daughter by Maya Angelou.


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