El soldado leal no puede vencer al ego
Por Richard Rohr
Tarde o temprano, si sigues cualquier "plan espiritual" clásico, algún evento, persona, muerte, idea o relación entrará en tu vida con la que simplemente no podrás lidiar, utilizando tus habilidades actuales, tus conocimientos adquiridos o tu fuerte voluntad. Espiritualmente hablando, serás, y debes ser, guiad@ al límite de tus propios recursos. En ese punto, tropezarás con una piedra de tropiezo necesaria, como la llama Isaías; o, para decirlo en nuestro lenguaje, "perderás" en algo. Esta es la única manera en que la Vida-Destino-Dios-Gracia-Misterio puede ayudarte a cambiar, a dejar de lado tus preocupaciones egocéntricas y a emprender un viaje más amplio y trascendente. Ojalá pudiera decir que esto no es cierto, pero es prácticamente una verdad absoluta en la literatura espiritual mundial.
Cualquier intento de forjar o planificar tu propia iluminación está condenado al fracaso porque estará impulsado por el ego. Solo verás lo que ya has decidido buscar, y no podrás ver las cosas paralas que no estás preparado o que te han dicho que busques. Así, el fracaso y la humillación te obligan a mirar donde nunca lo harías de otra manera. ¡Qué enigma! Los cursos de autoayuda de cualquier tipo, incluido este si es que lo es, solo te ayudarán si te enseñan a prestar atención a la vida misma. «Dios viene a ti disfrazado de tu vida», como dice tan sabiamente mi amiga Paula D’Arcy.
En gran parte de la civilización urbana y occidental actual, sin una verdadera comprensión de la tragedia de la vida, intentamos creer que todo es hacia arriba y hacia adelante, y que lo hacemos sol@s. Funciona para muy poc@s, y no puede beneficiarnos a largo plazo, porque no es verdad.
Las comunidades japonesas crearon un ritual comunitario en el que se agradecía públicamente a un soldado y se le elogiaba efusivamente por su servicio al pueblo. Tras un extenso ritual, un anciano se ponía de pie y anunciaba con autoridad algo como esto: “¡La guerra ha terminado! La comunidad necesita que dejes atrás lo que te ha servido y nos ha servido bien hasta ahora. La comunidad necesita que regreses como hombre, como ciudadano, y como algo más que un soldado”. En nuestro trabajo con hombres, llamamos a este proceso “licenciar a tu soldado leal”.
Paradójicamente, tu soldado leal te brinda tanta seguridad y validación que puedes confundir su voz con la mismísima voz de Dios. Si esta voz interior y crítica te ha mantenido a salvo durante muchos años como tu voz interior de autoridad, podrías terminar siendo incapaz de escuchar la verdadera voz de Dios.
El soldado leal no puede ayudarte a llegar a la segunda mitad de la vida. Ni siquiera la comprende. No ha estado allí. Puede ayudarte a “atravesar el infierno”, con las primeras decisiones que exigen un pensamiento dicotómico; Pero luego hay que decirle adiós al entrar en la sutileza de la mediana edad y la vejez. Los japoneses tenían razón, al igual que los griegos. Odiseo es un soldado leal durante toda la Odisea, remando su barca como solo un héroe puede hacerlo, hasta que el profeta ciego le dice que hay más y que debe soltar el remo. Si alguna vez lees la Divina Comedia, fíjate en que Dante se despide de Virgilio, quien lo había acompañado por el Hades y el Purgatorio, sabiendo ahora que solo Beatriz puede guiarlo al Paraíso.
Las primeras batallas fortalecen el ego y crean un soldado leal e inquebrantable; las segundas batallas derrotan al ego porque Dios siempre gana. No es de extrañar que tan poc@s quieran abandonar a su soldado leal; no es de extrañar que tan poc@s tengan la fe para madurar. El ego odia perder, incluso ante Dios.
Del libro «Cayendo hacia arriba».
Preguntas semilla para la reflexión
¿Cómo te identificas con la idea de que «Dios se te presenta disfrazado de tu vida»? ¿Podrías compartir alguna anécdota personal sobre un momento en que llegaste al límite de tus recursos, donde tu fuerza de voluntad o tus conocimientos habituales se agotaron? ¿Qué encontraste allí? ¿Qué te ayudó a dejar de lado tu instinto de "soldado leal" y a tener la fe necesaria para madurar?
From the book, Falling Upwards.
How do you relate to the notion that "God comes to you disguised as your life"? Can you share a personal story of a time when you were led to the edge of your own private resources, where your usual willpower or knowledge simply ran out, and what, if anything, you found waiting for you there? What helps you let go your "loyal soldier" voice and have the faith to grow up?