Letter to My Grandson

Author
Daniel Gottlieb
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Image of the WeekCARTA A MI NIETO


A nadie nos resultan fáciles los cambios. Cuanto mayores nos hacemos, más cambios tenemos que afrontar. Todo cambio implica una pérdida, y siempre que perdemos algo, querríamos recuperarlo. Cada cosa que he perdido en mi vida – fuera importante o no – al principio quería recuperarla.


Así que, como sabemos que todo cambio implica pérdida y toda pérdida a su vez lleva a un cambio, mamá y papá andaban preocupados por cómo reaccionarías cuando llegara la hora de que renunciaras a tu amado chupete – tu “chupe”.


Ahora que has cumplido cuatro años, ya no tienes chupete; no tienes nada para que te proteja cuando sientes miedo. Por eso es que los cambios son difíciles. Esos objetos transicionales nos proporcionan una falsa sensación de seguridad. Cuando desaparecen, no nos queda otra que gestionar esa inseguridad que siempre estuvo allí.


Sam, prácticamente todo aquello por lo que nos encariñamos, tarde o temprano lo vamos a perder; nuestras cosas, a nuestros seres queridos, incluso nuestra juventud y nuestra salud. Así es: cada pérdida nos llega como un mazazo. Pero esa pérdida también abre paso a otras posibilidades. Un dicho Sufi lo expresa así: “Cuando el corazón llora por aquello que perdió, el alma se regocija por lo que gana en su lugar.”


Por mucho que alguien que te ame quiera evitar que sientas dolor y rápidamente te dé tu chupete, eso no sería una buena idea. Cada etapa del crecimiento tiene que ver con perder algo, y sin esa pérdida no tendrías acceso a lo bueno que te trae.


De modo que, cuando experimentes el dolor de una pérdida, por favor no eches mano de cualquier cosa para librarte de él. Solo confía en que, como todo, se trata de algo pasajero. Si decides atravesarlo conocerás tu habilidad para lidiar con la adversidad. Aprenderás cómo es que manejas los momentos difíciles y te sentirás orgulloso. Y cuando ya estés al otro lado, habrás aprendido algo más sobre ti.


Hace poco que una amiga mía me hablaba de que había tenido tantas dificultades en su vida que le parecía que estaba viviendo una pesadilla de la que no sabía cómo salir. Le dije ¡que se fuera a una parada de autobús y que esperara allí a que uno llegara! Me miró como si me hubiera vuelto loco. Le expliqué que todas las emociones son algo pasajero, y que de la misma manera que lo hacemos con el autobús, podemos esperar a que pasen. Podemos esperar frustrados, enfadados o sintiéndonos una víctima de las circunstancias, pero eso no va a conseguir que el bus llegue antes; podemos esperar con paciencia y relajadamente, pero eso ¡tampoco va a hacer que el bus venga antes! Lo único que tenemos que hacer es confiar en que va a llegar.


--Daniel Gottlieb, en Cartas a Sam


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