TOMAR ASIENTO EN LA MESA DE LA COCINA DE LA VIDA
Raquel Naomi Remen
Todo el mundo es una historia. Cuando yo era niña, la gente se sentaba alrededor de las mesas de la cocina y contaba sus historias. Ya no hacemos eso tanto. Sentarse a la mesa contando historias no es sólo una forma de pasar el tiempo. Es la forma en que se transmite la sabiduría. Las cosas que nos ayudan a vivir una vida que vale la pena recordar. A pesar de los asombrosos poderes de la tecnología, much@s de nosotr@s todavía no vivimos muy bien. Quizás necesitemos escuchar las historias de l@s demás una vez más.
La mayoría de las historias que nos cuentan ahora están escritas por novelistas y guionistas, representadas por actores y actrices, historias que tienen principio y final, historias que no son reales. Las historias que podemos contarnos un@s a otr@s no tienen principio ni fin. Son un asiento de primera fila para la experiencia real. Aunque hayan podido suceder en un momento o lugar diferente, tienen una sensación familiar. De alguna manera también se refieren a nosotr@s.
Las historias reales llevan tiempo. Dejamos de contar historias cuando empezamos a perder ese tipo de tiempo, pausando el tiempo, observando el tiempo, preguntándonos sobre el tiempo. La vida nos lleva a toda prisa y pocas personas son lo suficientemente fuertes como para detenerse por sí solas. La mayoría de las veces, algo imprevisto nos detiene y sólo entonces tenemos tiempo de sentarnos en la mesa de la cocina de la vida. Conocer nuestra propia historia y contarla. Escuchar las historias de otras personas. Recordar que el mundo real está hecho precisamente de esas historias.
Hasta que nos detengamos o, más a menudo, nos detengan, esperamos dejar "atrás" ciertos acontecimientos de la vida y seguir con nuestra vida. Después de detenernos, vemos que algunos de los problemas de la vida nos acompañarán mientras vivamos. Pasaremos por ellos una y otra vez, cada vez con una nueva historia, cada vez con una mayor comprensión, hasta que se vuelvan indistinguibles de nuestras bendiciones y nuestra sabiduría. Es la forma en que la vida nos enseña a vivir.
Cuando no tenemos tiempo para escuchar las historias de l@s demás, buscamos expert@s que nos digan cómo vivir. Cuanto menos tiempo pasamos junt@s en la mesa de la cocina, más guías prácticas aparecen en las tiendas y en nuestras estanterías. Pero leer esos libros es algo muy diferente a escuchar la experiencia vivida por alguien. Debido a que hemos dejado de escucharnos un@s a otr@s, es posible que incluso hayamos olvidado cómo escuchar, que hayamos dejado de aprender a reconocer el significado y a llenarnos de los acontecimientos ordinarios de nuestras vidas. Nos hemos vuelto solitari@s; lectores y observadores en lugar de participaciones y participantes.
La mesa de la cocina es un campo de juego nivelado. La historia de tod@s importa. La sabiduría de la historia de la persona más educada y poderosa a menudo no es mayor que la sabiduría de la historia de un/a niñ@, y la vida de un/a niñ@ puede enseñarnos tanto como la vida de un/a sabi@.
La mayoría de los padres conocen la importancia de contarles a sus hij@s su propia historia, una y otra vez, para que al contarla sepan quiénes son y a quién pertenecen. En la mesa de la cocina hacemos esto un@s por otr@s. Oculto en todas las historias de la historia Única. Cuanto más escuchamos, más clara se vuelve la Historia. Nuestra verdadera identidad, quiénes somos, por qué estamos aquí, qué nos sostiene, está en esta historia. Las historias en cada mesa de la cocina tratan sobre las mismas cosas, historias de poseer, tener y perder, historias de sexo, de poder, de dolor, de heridas, de coraje, esperanza y curación, de soledad y el fin de la soledad. Historias sobre Dios.
Al contarlas, nos contamos un@s a otr@s la historia humana. Las historias que nos tocan en este lugar de humanidad común nos despiertan y nos unen como familia una vez más.
Rachel Naomi Remen falleció la semana pasada, después de una vida de exposición de la sabiduría del corazón. Extracto anterior de Sabiduría en la mesa de la cocina.
PREGUNTAS SEMILLA PARA LA REFLEXIÓN
¿Cómo te relacionas con la idea de que las interrupciones más dolorosas de la vida (las cosas imprevistas que nos detienen en seco) son a menudo las que finalmente nos dan el tiempo para "tomar asiento en la mesa de la cocina de la vida" y afrontar nuestra propia historia con honestidad? ¿Puedes compartir una historia personal de un momento en el que te sentiste verdaderamente escuchad@, o escuchaste verdaderamente a otra persona, y sentiste ese sentimiento familiar que describe el pasaje: la sensación de que la historia de otra persona, de alguna manera silenciosa, también trataba sobre ti? ¿Qué te ayuda a proteger el tipo de "tiempo de pausa, tiempo de reflexión, tiempo de preguntarse" que te permite permanecer cerca de tu propia historia y permanecer genuinamente abiert@ a las historias de las personas que te rodean?
Rachel Naomi Remen passed last week, after a life of expounding wisdom of the heart. Excerpt above from Kitchen Table Wisdom.
How do you relate to the notion that life's most painful interruptions - the unforeseen things that stop us in our tracks - are often what finally give us the time to "take a seat at life's kitchen table" and meet our own story with honesty? Can you share a personal story of a time when you found yourself truly listened to, or truly listened to another, and felt that familiar feeling the passage describes - the sense that someone else's story was, in some quiet way, also about you? What helps you protect the kind of "pausing time, reflecting time, wondering time" that makes it possible to stay close to your own story and remain genuinely open to the stories of the people around you?