Donde la luz más prolongada se encuentra con la oscuridad que avanza
Por Shannon Willis
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En todo el mundo vivo, la abundancia y la decadencia, el florecimiento y la pérdida, se entrelazan en una intimidad que nuestros mitos industriales nos han enseñado a olvidar.
Situarse en esta estación es recordar que no estamos separados de estos ciclos, sino que participamos en ellos; somos criaturas tejidas en una vasta conversación animada. Porque el mundo no se mueve según las promesas lineales de progreso que han moldeado tan profundamente el imaginario de la modernidad. Se mueve más bien como el suelo de un bosque, donde la descomposición y el surgimiento permanecen inseparables, donde los finales alimentan los comienzos y donde redes invisibles de micelio transportan alimento, memoria y posibilidades a través de la oscuridad hacia futuros que ninguna criatura puede anticipar plenamente.
Lo sagrado no está en otra parte. Está entretejido en estos intercambios, en la reciprocidad entre suelo y raíz, río y lluvia, duelo y renovación.
Quizás la invitación de esta estación no sea buscar un terreno más firme, sino aprender a habitar el temblor.
No como dueños de un mundo en crisis, ni como víctimas que aguardan ser rescatadas, sino como participantes en una conversación viva e inacabada cuyo desenlace permanece hermoso —y a veces aterradoramente— incierto. Permanecer presentes en el umbral. Escuchar aquello que emerge bajo el ruido.
Recordar que, incluso en tiempos de desmoronamiento, el mundo continúa su paciente labor de tejer nuevas relaciones a partir de lo que se ha deshecho. Pues una vez que el sol alcanza su punto más alto, la rueda comienza silenciosamente a girar hacia la oscuridad. La Tierra, como tantas veces hace, nos recuerda que la culminación y el descenso forman parte de la misma historia.
Durante más de 30 años, Shannon Willis ha dedicado su vida a colaborar con otr@s en la transformación del trauma y las heridas culturales, tanto para l@s viv@s como para l@s muert@s. Posee una maestría en Liderazgo Profesional y Consejería, con especialización en modalidades Junguianas y Gestalt; es fundadora de Red Earth Healing y estudiante de la cultura yoruba como iniciada en las tradiciones de Ọbàtálá y Ọ̀ṣun, dentro del linaje de Olúwo Fálolú Adésànyà Awoyadé, de Òdè Rẹ́mọ. realizando peregrinaciones para trabajar con los ancianos en África Occidental.
Preguntas semilla para la reflexión
¿Qué cambia en ti al considerar la idea de que el mundo se mueve «más como el suelo de un bosque» —donde la descomposición y el surgimiento son inseparables, donde los finales nutren silenciosamente a los comienzos? ¿Podrías compartir una historia personal sobre algún momento en que algo de tu vida se desmoronó y, solo más tarde, se reveló como el terreno sobre el que se estaba tejiendo algo nuevo? ¿Qué te ayuda a «habitar el temblor» —a permanecer presente en el umbral de la incertidumbre sin aferrarte a un suelo falso ni apartar la mirada de aquello que se siente inacabado y vivo?
For over 30 years Shannon Willis has committed her life to partnership with others in transforming trauma and cultural wounding for both the living and the dead. She has a Masters degree in Professional Leadership and Counseling with a focus in Jungian and Gestalt modalities, is the founder of Red Earth Healing, a student of Yoruba culture as an initiate of Ọbàtálá, and Ọ̀ṣun, in the lineage of Olúwo Fálolú Adésànyà Awoyadé from Òdè Rẹ́mọ. making pilgrimages to work with elders in West Africa. Excerpted from here.
What shifts in you when you consider the notion that the world moves "more like a forest floor" - where decay and emergence are inseparable, where endings quietly feed beginnings? Can you share a personal story of a time when something in your life came apart and, only later, revealed itself to be the ground from which something new was being woven? What helps you "inhabit the trembling" - to stay present at the threshold of uncertainty without reaching for false ground or turning away from what feels unfinished and alive?