El arte no exige pruebas
—Por Nora Bateson
Vivimos en un mundo de evidencias. Las infraestructuras de nuestras ciudades y nuestra planificación ambiental, nuestros planes de estudio y nuestras predicciones económicas, todo se filtra a través del embudo de datos que compila los mecanismos de la «ciencia». Es comprensible. Necesitamos saber cuánto costará el nuevo puente o cuántos tratamientos de quimioterapia puede soportar un paciente; necesitamos calcular y medir el éxito de nuestro trabajo. Pero es evidente que hemos cometido graves errores de cálculo en los últimos cien años. Ninguna prueba del mundo nos ha proporcionado la información necesaria para comprender la complejidad del mundo en que vivimos. No lo entendemos. Tomamos decisiones que se despliegan en consecuencias impredecibles y caóticas. La prueba no era suficiente. Necesitábamos el patrón.
El arte no exige pruebas; nos invita a buscar patrones.
Entre los acordes de una canción flamenca se encuentra la empatía de mil años de amor y dolor. En los gestos de una bailarina contemporánea podemos recordar todo aquello que jamás imaginamos y seguir la forma del cuerpo hacia un diccionario desconocido de emociones. En las pinceladas de color sobre una pared londinense, encontramos el humor y la ironía de nuestros propios errores. En un lienzo, en una fotografía, en la pantalla, nos vemos a nosotros mismos viendo el mundo. Lo vemos, nos vemos a nosotros mismos, captamos el encuadre ladeado que inclina nuestras cabezas y pone nuestro statu quo patas arriba. La poesía está ahí, indestructible. Cada un@ de nosotr@s es un/a artista, plasmando ritmos, colores, metáforas y armonías en nuestros momentos.
Aunque los conceptos abstractos puedan hacernos sentir emociones encontradas en el arte que no comprendemos, las metáforas penetran en nosotr@s y, algún día, tal vez dentro de muchos años, nos hablarán. En la crudeza del arte descubrimos nuestra vulnerabilidad y nuestra sangre. Tengo un pequeño póster de «Mujer llorando» de Picasso en mi cómoda para recordarme que ser un/a estudiante de la vida implica estar dispuest@ a romperte. La oscuridad en el arte nos ofrece una experiencia visceral de ser desenterrados, vaciados de las semillas de la confianza y esculpidos en la ira o los celos que nos han invadido. Hay motivos para enfadarse en la vida, y el arte nos permite explorar la experiencia compartida. A través de la ruptura, el hormigueo, el crujido, la suavización y la apertura, nos encontramos inmersos en el arte, con resonancias innombrables que nos recorren. Nos desprendemos de la ilusión de poder observar la vida desde la seguridad de la ventana. Somos participantes del proceso.
En todas sus formas, el arte puede ofrecer una experiencia de integración que apela a nuestro lenguaje cultural de símbolos, nuestra imaginación, nuestra historia, nuestro intelecto y nuestras emociones. Si bien a menudo enfatizamos la importancia de la «expresión creativa», quizás sea más vital en este momento de nuestra historia explorar lo que el arte tiene que decir sobre la posibilidad de que nuestra propia percepción se integre en circuitos cognitivos más amplios mediante la metáfora. La apreciación de una obra de arte puede entenderse como el reconocimiento del patrón que conecta. En mi opinión, el arte nos permite percibir desde múltiples perspectivas simultáneamente. Para que la ciencia pueda abordar la complejidad con eficacia, necesitamos el arte que ayude a los científicos a desarrollar una mayor capacidad de percibir el contexto, uno que incluya todas las disciplinas, emociones, símbolos culturales y recuerdos personales. Como dijo Blake en «El monje gris»: «Una lágrima es algo intelectual».
Preguntas semilla para la reflexión: ¿Qué opinas de la idea de que el arte no exige pruebas, sino que nos invita a «buscar patrones»? ¿Puedes compartir alguna anécdota personal sobre alguna ocasión en que una obra de arte —una canción, una pintura, un poema, una danza— te reveló algo que la comprensión racional había pasado por alto, tal vez hablándote meses o incluso años después de haberla visto por primera vez? ¿Qué te ayuda a cultivar la disposición a «quebrarte», como la mujer que llora en el cuadro de Picasso, a participar plenamente en la vida en lugar de observarla desde la seguridad de la ventana?
Nora Bateson es una cineasta galardonada, experta en sistemas y presidenta del Instituto Internacional Bateson, donde fue pionera en el concepto de "datos cálidos" para analizar sistemas vivos complejos. Hija del renombrado polifacético Gregory Bateson, es autora de libros aclamados como Small Arcs of Larger Circles y Combining, y su obra utiliza el arte, la poesía y la ciencia para redefinir nuestra comprensión de los desafíos ecológicos y sociales globales.
Nora Bateson is an award-winning filmmaker, systems thinker, and the president of the International Bateson Institute, where she pioneered the concept of "Warm Data" to analyze complex, living systems. The daughter of renowned polymath Gregory Bateson, she is the author of celebrated books like Small Arcs of Larger Circles and Combining, and her work utilizes art, poetry, and science to reshape how we understand global ecological and social challenges.
Seed Questions for Reflection
What do you make of the idea that art does not ask for proof, and instead directs us to "look for pattern"? Can you share a personal story of a time when a piece of art - a song, a painting, a poem, a dance - revealed something to you that rational understanding had missed, perhaps speaking to you months or even years after you first encountered it? What helps you cultivate the willingness to be "shattered," like Picasso's weeping woman, to participate fully in life rather than watching safely of the window?