Three Kinds of Laziness

Author
Tenzin Palmo
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Image of the WeekFor: Mar-14-2016
Tres Tipos de Pereza
--por Tenzin Palmo

El Buda describía tres tipos de pereza. Primero está la pereza que tod@s conocemos: no queremos hacer nada, y preferimos quedarnos en la cama media hora más a levantarnos a meditar. Segundo, hay una pereza que nos hace sentir que no valemos, la pereza de pensar, “No puedo hacer esto. Otra gente puede meditar, otra gente puede ser consciente, otra gente puede ser amable y generosa en situaciones difíciles, pero yo no puedo, porque soy demasiado tont@.” O, a ratos, “Siempre estoy enfadad@;” “Nunca he sido capaz de hacer nada en mi vida;” “Siempre he fallado y estoy destinad@ a fallar.” Esto es pereza.

El tercer tipo de pereza es estar ocupad@ con cosas mundanas. Siempre podemos llenar el vacío de nuestro tiempo manteniéndonos ocupados. Mantenernos ocupados puede hacernos sentir virtuos@s. Pero suele ser una vía de escape. Cuando salí de la cueva, hubo gente que dijo. “¿No crees que tu soledad ha sido un escape?” Y yo dije, “¿Un escape de qué?” Yo estaba ahí- sin radio, ni periódicos, sin nadie con quien hablar. ¿Dónde iba a escapar? Cuando las cosas surgían, no podía siquiera telefonear a un@ amig@. Estaba cara a cara con quien yo era y con quien no era. No tenía escape.

Nuestras vidas normales están tan ocupadas, nuestros días tan llenos, que no encontramos tiempo ni para sentarnos un minuto y simplemente ser. Eso es ecapar. Una de mis tías siempre tenía encendida la radio o la televisión. No le gustaba el silencio. El silencio le preocupaba. Siempre había sonido de fondo. Y todos somos así. Nos asusta el silencio- el silencio exterior y el silencio interior. Cuando no hay ningún sonido dentro de nosostr@s nos hablamos a nosostr@s mism@s- opiniones e ideas y juicios y repasos de lo que sucedió ayer o en nuestra infancia; lo que él me dijo; lo que yo le dije a él. Nuestras fantasías, nuestras ensoñaciones, nuestras esperanzas, nuestras preocupaciones, nuestros miedos. No hay silencio. Nuestro ruidoso mundo externo no es más que un reflejo de nuestro mundo interno: Nuestra necesidad incesante de estar ocupados de estar siempre haciendo algo.

Hace poco estuve hablando con un agradable monje Australiano que una vez estuvo tan ocupado haciendo maravillosas actividades de dharma que se convirtió en adicto al trabajo. Se quedaba levantado hasta las dos o las tres de la mañana. Al final sufrió un colapso total. […]
Su problema era que su identidad estaba conectada con lo que hacía. Como su trabajo era para el Dharma parecía muy virtuoso. Parecía que estuviese hacienda cosas realmente buenas. Ayudaba a mucha gente y siguiendo las instrucciones de su maestro, pero ahora no puede hacer nada. ¿Quién es él? De este modo está pasando por una tremenda crisis porque se identificaba a si mismo con lo que hacía y con ser capaz de tener éxito. Ahora no puede hacer nada y depende de otros. Así que yo le dije: “Pero esta es una oportunidad maravillosa. Ahora no tienes que hacer nada, puedes simplemente ser.” Él me dijo que estaba intentando llegar a eso, pero encontraba amenazador no hacer nada, solamente sentarse allí y ser quien es, no lo que hace.
Este es el punto- llenamos nuestras vidas con actividades. Muchas de ellas son actividades muy buenas `pero si no tenemos cuidado, pueden no ser más que un escape. No estoy diciendo que no tengamos que hacer cosas buenas y necesarias, pero tiene que ser tanto inspirando como espirando, hacia dentro y hacia fuera. Tenemos que tener ambas la activa y la contemplativa. Necesitamos tiempo para estar con nosotr@s mism@s, y para estar verdaderamente centrad@s, cuando la mente pueda de verdad estar en silencio.

Preguntas semilla para la reflexión: ¿Cómo te identificas con la idea de que no encontrar el espacio para el silencio es un escape? ¿Puedes compartir alguna historia personal de alguna vez en la que necesitases simplemente ser? ¿Qué práctica te ayuda a estar verdaderamente centrado?

por Tenzin Palmo,sacado de su libro, En el corazón de la vida (Into the Heart of Life).
 

by Tenzin Palmo, excerpted from her book, Into the Heart of Life.


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